LA VIDA SIN REFERENCIAS

Mientras la gran mayoría espera tensa el momento de la decisión olímpica del COI, voy, poco a poco, clarificando mis ideas.

Al igual que algunos promulgan la defensa de tolerar no saber lo que se quiere, pero no justifican no saber lo que no se quiere, voy despejando incógnitas en mi mente.

No para saber si Madrid será o no sede olímpica en 2020, que ojalá, sino sobre como se deben dirigir los pasos una vez se decide tomar un camino diferente al que se ha andado hasta ahora.

No es tarea fácil. Algunos dejan en este tramo la salud, la estabilidad emocional y psicológica e incluso al vida, sin llegar a culminar la transición precisa para la adaptación.

Me refiero a situaciones vitales que me parecen trascendentes a priori para las personas adultas. Y no me refiero a cambios en la situación familiar, cuya reflexión plasmare en otro lugar, sino a situaciones de cambio unipersonal ante la vida. Tales pueden ser el paso de una vida activa, intelectual y fisicamente activa, a una situación de inactividad al mismo nivel, tras la jubilación. A situaciones de cambio de ciudad, con lo que ello supone de cambio de escenario, amistades, ocio, abastecimiento y casa, aunque se trabaje. A situaciones de recuperación tras una larga enfermedad. Pasar de una situación de larga inactividad a otra de comienzo de una actividad intensa Y otras más livianas como cambió de trabajo, aunque sea en la misma ciudad o empresa cambio de pareja y círculos anejos, cambios de amistades, o simplemente cambio de domicilio, o cambio de barrio.

Todo ello, supone muchas sensaciones encontradas que pueden llegar a bloquear la conducta.

En primer lugar producen desazón, desconcierto y  ansiedad  con distinta intensidad dependiendo del nivel de temor o miedo que produzca la nueva situación y la capacidad de reacción frente al reto.

En segundo lugar, y una vez superada la primera fase del temor y desconfianza, cuya intensidad sin duda depende de la inseguridad de cada uno, viene la fase de toma de posesión del nuevo lugar o situación, en el que habremos de desplegar una estrategia para integramos plenamente o de la forma más adaptativa posible.

Si esta etapa no se colma debidamente y con la suficiente firmeza, las bases no serán sólidas y la nueva edificación que se pretende construir con el cambio, tarde o temprano peligrara.

Es importante también, a los mismos efectos de integracion en el medio, intentar no poner toda la carne en el asador o no poner todos los huevos en la misma cesta. Con esto se quiere trasmitir que una edificación sólida no puede tener sólo un pilar, sino que han de ser varios los que la sustente y en cada uno de ellos debemos administrar los recursos. No se pueden entregar todas las energías y habilidades y tiempo al trabajo, a las amistades o a esa nueva pareja. Hay que dosificarse, pues de lo contrario, habrá descompensacion en la fortaleza de unos y raquitismo  en otros pilares.

No es posible, y hay que tenerlo claro, construir sobre dos pilares, pues el edificio de tambaleara a la primera ráfaga de viento fuerte. Pero yo me planteo si es posible construir sobre tres. Tal vez, sea posible. Yo lo estoy intentando. Tal vez sea necesario y se me viene a la cabeza el caso muy cercano de una amiga entrañable, que esta también edificando sobre tres. Espero que nuestra andadura sea cómplice y alentadora en este aspecto.

De no distribuir nuestros recursos en los diferentes compartimentos, podemos desequilibrar la estructura y nuestra fortaleza, y podemos enfermar.

Y el caso más complicado de todos ellos, sería cuando todos estos cambios mencionados, se producen durante la convalecencia de una enfermedad grave, intentando salir adelante en el proceso de curación. Se nos antoja que todo se dilata en el tiempo aún más, puesto que las fuerzas no siempre acompañan, ni la claridad de ideas, ni los demás recursos personales.

En este proceso, nadie esta a salvó de un tropiezo, un mal paso, o un revés del destino. ¿ qué hacer en estos casos? Cuando los recursos funcionan a medio gas y la vida se nos vuelve en contra.

Pues lo que no se puede hacer, y aquí enlazo con el principio del artículo, es atrincherarse en casa o en el despacho o en el interior de uno mismo. Ahí empieza a crearse el caldo de cultivo que alimentara los malos afectos que nos llevarán a la autodestrucción por envenenamiento. Eso lo tengo claro ya. Lo que no se puede hacer, es crisparse con el entorno, porque nuestro camino no sigue el rumbo que desearíamos, pues es en esa vereda donde encontraremos los asideros para continuar caminando. Y si aún así, que también puede pasar, todo se nos pone en contra o al menos eso nos parece, hay que buscar ayuda profesional, sin mayor dilación.

Ahora bien, ¿ verdad que ninguno de nosotros somos titanes? Pues estos pasos o pautas para sobrellevar las transiciones, pueden y deben ser compartidos. Con quien se quiera, con quien se busque o con quien surja en el peor de los casos.

De lo contrario, el cambio nos parecerá en muchas ocasiones, irreal o surrealista. más que un sueño, a veces, una pesadilla.

Ágata Piernas

9/9/2013