Visita urbana por Madrid.

Un plan diferente para un sábado, por huir de rutinas, de planes establecidos y de convencionalismos, o por si te ha fallado un plan y no te apetece quedarte en casa enfrascada en rutinas domésticas aburridisimas.

Proliferan en internet los grupos que organizan quedadas para múltiples actividades a los que nos incorporamos gente variopinta, pero normal.

El plan que en esta ocasión captó mi atención, fue una visita urbana por Madrid, a una zona, que si bien conocida, no había reparado en sus peculiaridades, ni prácticamente en su existencia. Se trata de parque de Berlín-Iglesia de los Mexicanos o Guadalupanos y la Colonia de viviendas de Primo de Rivera. Todo en un pañuelo. Resultó agradable de ver, conocer y compartir. El tiempo acompaño en esta mañana de sábado.

Éramos unas diez personas más nuestra guía, quién en un lenguaje asequible y cercano, sin abundar en aburridos datos, pero aportándo los interesantes, nos dío cumplida cuenta de la historia y contenido de los lugares que visitamos.

El Parque de Berlín, recibe ese nombre a pesar de estar situado en el una céntrica zona residencial de Madrid, por que la ciudad quiso agasajar, en una visita protocolaria en viaje oficial, al Canciller alemán en aquellos tiempos de los años 60-70, un 9 de Noviembre. Esta fecha, seguirá siendo icónica para el parque pues en sucesivas festividades del 9 de Noviembre, se fueron añadiendo elementos al parque, que hoy lo configuran como una zona de paseo y esparcimiento, con marcado carácter alemán. Pensamos ahora en el busto a Beethoven, con piano y todo que le sirve de base, incluso algunas notras de la Novena Sinfonía talladas en el granito, que a modo de partitura encabeza el teclado del piano. O por que no, y no menos importante, en los tres bloques de auténtico muro de Berlín, que con grafitis y todo, adornan la fuente principal del parque. Parque acogedor y ayer soleado, donde los niños y sus papas podían acudir a una representación de marionetas en un guiñol callejero, tomarse el aperitivo en las terrazas que abundaban, o simplemente pasear al perro, por sus múltiples calles y jardines. Y aunque no es primavera, la flora del parque hacia acto de presencia por doquier. Recomendamos la vista, al lado del Metro Concha Espina.

A la salida del Parque de Berlín, se encuentra la Iglesia de Los Mexicanos, una ambiciosa obra de hormigón, y vidrieras cuya combinación, no dejó de sorprendernos. Iglesia en la que el altar se sitúa en en El Centro del templo, para, alrededor situar a los feligreses, existiendo una pequeña capilla al fondo, dedicada a la Virgen de Guadalupe, motivo por el cual esta iglesia se denomina también Guadalupana. El templo es tan grande, que los oficios se realizan en la pequeña capilla que hay en la planta inferior, quedando la superior como mera zona de culto.

Personalmente, jamás se me habría ocurrido, construir una iglesia con hormigón, precisamente por sus peculiares características, y ausencia de estética del material de construcción, pero reconozco que los autores de la obra han sabido aprovechar sus caractrerísticas para conseguir un conjunto, pintoresco y llamativo, donde a plena luz de mediodía, y debido a la proyección sobre las vidrieras de La Luz a esa hora,se respira en el interior un ambiente de recogimiento, alegría y goce por vivir.

Y por último, la colonia de Primo de Rivera, con el Colegio de Santa Marca detrás, compuesto por casitas unifamiliares, contruídas en otra época como casas baratas en el extrarradio de Madrid, que hoy constituyen codiciados objetos de deseo, por la tranquilidad de la zona, las posibilidades rehabilitadoras de las edificaciones y la perfecta y céntrica ubicación. Por cierto, vimos algunas en venta.

Como broche final, aperitivo en una terraza soleada al lado De la Iglesia, donde intercambiando opiniones, cada uno sacaba , en silencio o en viva voz, conclusiones sobre si repetiría para otra ocasión, o no.

Ágata Piernas

10/3/2019

Boda en Nueva York

De por qué nos gusta escribir, no hay duda a estas alturas. De por qué nos gusta New York, no lo sabiámos hasta estas Navidades. Quizás por ser un anhelo insatisfecho, un viaje que se nos había escapado en varias ocasiones, la ciudad por antonomasia, cosmopolita e insomne, quién sabe.

El hecho de nuestra naturaleza urbanita, lo tenemos asumido. Qué en algún momento de nuestra vida teníamos que visitar esa ciudad en consecuencia,estaba claro. Y esa circunstancia ha acontecido en la Navidad de 2018.

Si hubiera que haber dado una excusa para evitar las tradicionales navidades familiares, no podía haber sido mejor que un viaje a esta ciudad terriblemente anhelada, para acudir a la boda de un buen amigo. No hizo falta la excusa. La boda iba a tener lugar si o si,y el grado de compromiso y el protocolo, nos hacía acudir obligatoriamente. Benditas obligaciones las que nos hacen viajar últimamente.

Que vimos la ciudad y algunas de las cosas que contenía y que le son características con mirada de niña, fue lo que aconteció.

La ilusión reprimida durante años, en vez de provocar voracidad para ver todo lo posible en el tiempo que durase la estancia y amortizar así el viaje, que también, lo que suscitó fue ver lo accesible con mirada curiosa y al mismo tiempo incrédula, por temor a constatar que aquello que veíamos era sólo un producto de nuestra imaginación, que nada tenía que ver con la realidad, como en un cuento.

Pero de cuento nada. La suela de nuestras botas da cumplida fe de las avenidas y calles recorridas, y nuestra retina recuerda a la perfección cada sorprendente detalle que consiguió captar nuestra atención: desde una ardilla o una dedicatoria en un banco en Central Park, al mobiliario urbano de la zona cero, que con su colorido intenso y vibrante, ha venido a llenar de good vibes una zona maldita, por el vacío y horror que representa, pero regenerada.

Lo demás, nada diferente a lo ya visto en múltiples películas que adoptan la ciudad o sus emblemas como escenario. No obstante, impresiona poder respirarlo y tocarlo. Mezclarse entre la gente, o multitud, y empaparse de todo lo que se podía escuchar acerca de cada barrio o edificio, todo ello tan diferente a lo que nos tiene acostumbrados la vieja Europa.

Fue una primera toma de contacto. Lo que ocurra en un futuro está por determinar. Pero que tenemos ganas de volver, desde ya, es una evidencia constatable. Esa ciudad tiene mucho que ofrecer y estamos dispuestas a recibirlo.

Ágata Piernas

15/1/19

FESTIVAL DE LA LAVANDA. BRIHUEGA (GUADALAJARA)2018.-

Si a nuestra edad, a alguno de nosotros nos quedaran sensaciones nuevas por experimentar (al menos si, en mi caso), el Festival de la Lavanda de Brihuega, es muy recomendable.

Relativamente nuevo, creo no equivocarme al mencionar que tiene unos diez años de antigüedad, supone un mestizaje de lujo perceptible por los cinco sentidos.

A modo de reflexión diré, que la mente que urdió este entramado perfecto y exclusivo, se puede sentir satisfecha de sus resultados, como muestra este pequeño reportaje de reconocimiento a su labor, de compartir con el público que tenga a bien asistir, y de marketing y promoción de esta comarca, curiosa, de la Castilla profunda.

Por lo que sé, no hace muchos años, alguien, a modo similar a la de los antigüos descubridores de América, trajo semillas de lavanda  procedentes de Provenza, y decidió plantarlas, en una tierra propicia, que por su composición y características era fértil para conseguir las mejores plantas de lavanda, de las que, hoy en día ya de modo industrializado, se obtienen las mejores esencias que las narices más perspicaces se rifan. Y no sólo eso, sino que esa misma esencia, da pie también, a un conglomerado de pequeñas industrias que utilizan la flor y la esencia para múltiples fines.

Dicho esto, expongamos la parte sensorial del Festival, según nuestra propia percepción.

Dejando debidamente satisfecha nuestra no pequeña capacidad de percibir, y nuestra curiosidad por conocer, diremos que creemos que cada detalle, tuvo su razón de ser.

Desde la convocatoria a los asistentes al atardecer, para que la llegada fuese escalonada, la capacidad de acoger a la pequeña marea humana que se congregaba, la disposición de las sillas, de forma especial y peculiar, su aspecto externo, la división entre los que más pagan y el pueblo llano, el simpático, peculiar y casi ibicenco protocolo que se establece y que convierte el público en un mosaico, formas y sombreros de color blanco  en comunión con el verde y morado de las plantas, hacen que el escenario, tanto para los artistas, como para el público, obnubile la vista.

De background, o lo que el público ve, campos de lavanda que se tornan grises al atardecer y los artistas, hormiguitas blancas con Pamela y sombreros de paja amarilla ellas o sombreros tipo Panama para ellos.

Y lo que viene después, no dejar de ser menos impactante para los sentidos. Si el previo a los conciertos, tomado posiciones, cada uno en su sitio dejaba en el horizonte descender el sol sobre los campos de lavanda cambiando su tonalidad, y acariciando los cuerpos con el suave calor del atardecer del mes de Julio, el hecho de que los artistas apareciesen, casi justo en el momento de la puesta de sol y la música empezase a sonar en ese momento, hicieron que el evento del primer día mereciese la expectación que había provocado. Ello produjo no sólo conseguir la atención completa de todos los asistentes, sino que nos impregnásemos del mensaje multicolor, auditivo y olfativo del teatro al aire libre en el que nos encontrábamos.

Pitingo, en primer lugar, y al que llevábamos  la semana previa escuchando porque no conocíamos muy bien su trabajo, fue introducido por su coro de voces gospel, para que canción tras canción y anécdota tras anécdota sobre su vida, personal y profesional, hiciese que el público, amén de tararear sus canciones más conocidas, se entregase a su arte mestizo muy al gusto de las más altas instancias internacionales ( según ha llegado a nuestros oídos, el mismísimo matrimonio Obama, desean escucharle en cada visita a España habiendo incluso tocado en privado para ellos, allá en La Casa Blanca) y por supuesto de las nuestras, más a rás de tierra y multitudinarias.

También el artista y su troupe, cumplieron el protocolo en cuanto a vestimenta se refiere, dedicando piropos y comentarios jocosos sobre el aspecto limpísimo del público que le escuchábamos con todos nuestros sentidos en estado de atención máxima y goce supremo. Aquel a Puro Dolor, nos partió el alma y nos trasladó a escenarios imaginados de otros tiempos, lugares y vivencias.

Tras la cena coctel, preparada por el Chef Dani Garcia, estrella Michelin donde los haya, y servida por un ejercicio de uniformados rápidos y ávidos camareros en la búsqueda del apetito de los comensales, vuelta a Sigüenza para pernoctar, en un trayecto cómodo y nocturno que también tuvo su encanto por las sinuosas y rojizas tierras llenas de encinas y olivos, que en el anochecer proyectaban sus sombras fantasmales al paso de nuestro coche que les enfocaba con su potente haz de luz.

Tras el merecido descanso y conocer la imponente Villa de Sigüenza, Ciudad del Dóncel, que nos sorprendió muy agradablemente, vuelta a los campos para gozar del espectáculo que esta vez nos ofrecieron nuestros queridos y admirados amigos y paisanos los Café Quijano, mundialmente conocidos por su canción La Lola, a cuya fuente de inspiración francamente desconocemos a pesar de haber investigado por los rincones más insospechados de nuestra común ciudad de León.

Con boleros, a cual más ocurrente y actual, nos deleitaron con su ritmo latino y peculiar y su desparpajo característico, encabezado por su vocalista Manuel, quien sin duda nos amenizó una velada que acabó con una sonrisa satisfecha.

 

No podía estar completo el fin de semana, si no hubiera habido un relajante desayuno de domingo en un cafe boutique convenientemente aderezado con motivos violetas, para crear un ambiente adecuado al fin de semana de lujo que nos hizo pasar el evento al que encantadas acudimos, para solazarnos y dar la bienvenida al verano madrileño, tan sofocante, que entre campos de lavanda se nos hizo más llevadero.

Ágata Piernas

Madrid, 23/8/18

AGRICULTURA ECOLÓGICA:UNA TENDENCIA QUE MUEVE MASAS.-

Algunos la conocemos porque era lo que hacían nuestros ancestros para su subsistencia, en los pueblos del norte de España. Otros la conocerán de nuevas, después de la fiesta que anoche tuvo lugar en la antigüa Tabacalera de Madrid. Otros, no tan ancestrales, porque la practican desde hace tiempo y han querido darla a conocer al gran público,  y apoyarla organizando un evento para recaudar fondos que la abastezcan en sus múltiples necesidades, puesto que consideran que es un patrimonio inmaterial que merece mucho la pena.

La agricultura ecológica y su fiesta, congregó a gran numero de participantes que comieron y bebieron productos propios y bailaron, con toda la naturalidad del mundo pero sin estridencias, en los varios conciertos que tuvieron lugar en el recinto a lo largo de la jornada.

El recinto, cedido gratuitamente de manera permanente a la asociación para sus reuniones y quehaceres, recogió en su patio central y laterales, el evento al que asistimos.

Con una organización impecable, y gran educación y buenos modales de los visitantes se hicieron colas para acceder a los tickets que daban acceso a los deliciosos platos fríos, vegetarianos y veganos, preparados con productos de la huerta, para poner en común con los invitados su buen hacer culinario, dando satisfación a los estómagos más limitados y exigentes ( sin lactosa y sin gluten), hasta los más voraces, entre los que me incluyo, que paladearon con gusto todos los diferentes platos y postres, que por el módico precio de 1€ por ración, se pudieron adquirir, quedando la recaudación, que creo que no fuera poca, en su totalidad destinada a la causa que nos reunió.

Lo que vino después del yantar, fue que nuestro anfitrión nos sirvió de guía para una visita turística por el recinto, dónde lo que vimos no dejó de sorprendernos, aunque no debería haberlo hecho: una impresionante galería de arte urbano, que con gran creatividad e ingenio, adornaba los sótanos de la edificación. Dejamos algunas muestras gráficas para conocimiento general

Prometimos, antes de irnos, aceptar la invitación de nuestro compañero para visitar el huerto que la asociación tiene en la cercana localidad de Chinchón, dónde sin duda, además de dar testimonio de lo que veamos, echaremos una mano a tan saludable causa.

Ágata Piernas

25/2/2018

 

VACACIONES DE SEPTIEMBRE

Esta ocasión, se nos brinda de la manera menos esperada. ¿Quién iba a decir que mi compañera de cuatro patas sería el nexo para esta nueva oportunidad? Pues así ha sido. A veces los hijos «ayudan» a los padres a hacer nuevas amistades. En mi caso, mi perra Bambú ha sido la introductora de esta nueva estancia en la playa. Sus amigos perrunos y la casualidad, han hecho que esta ocasión haya sido posible, aunque quiero pensar, por no hacerme de menos, que yo tambien he puesto algo de mi parte.

Destino Murcia y sus playas. Tras un par de días de descanso en Madrid desde nuestra anterior escapada, nos lanzamos a esta nueva aventura. Llevamos ya dos días, y el balance hasta ahora, está siendo muy positivo.

La terraza de un cuarto piso en el paseo marítimo, nos sirve de plataforma para lanzarnos al goce de escribir, desde una inspiración sugestionada por el aire marino, el ruido de las olas, la visión de un Mar Mediterráneo ligeramente encrespado por el viento de levante y el bullicio de niños y mayores que desde playa y paseo alborotan a su antojo, junto a unas palmeras cuyas ramas casi podemos tocar con los dedos. Mientras, las gaviotas sobrevuelan este escenario incomparable.

Si miramos hacia el horizonte, vemos el mar abierto, que desde donde estamos, resulta abrazado por una inmensa bahía que además de la playa y pueblecitos marineros que la jalonan, cierra con un puerto pesquero, dónde, procedentes de alta mar y cargados de piezas frescas y exquisitas, vienen los barcos a resguardarse y descargar la preciada cosecha marina.

Esta tierra, en apariencia árida y seca, resulta extraordinariamente fértil. Con escasa agua, y debido a una climatología privilegiada, puede ofrecer varias cosechas al año de frutas y hortalizas de excelente calidad. Hemos visto, inmensas extensiones de plásticos de invernaderos, que debidamente gestionados y hábilmente atendidos surten con sus cosechas, no sólo los más exigentes paladares nacionales, si no también extranjeros. Hay para todos, no me queda duda.

La única Comunidad Autónoma uniprovincial, goza de riqueza suficiente, pero le falta agua. No suele llover, y sus ríos no fluyen y su huerta no puede regarse sino con un sistema de riego por goteo, que administra el escaso recurso aquí.

Sin embargo, goza de una posición privilegiada en el Mar Mediterráneo, conocida desde tiempos históricos inmemoriales, por los pueblos de comerciantes y pescadores fenicios y cartagineses, cuya presencia por estas costas se ha hecho patente con restos fenicios de naves hundidas, rescatadas no hace mucho de la profundidad del mar, tras miles de años, para conocimiento de los presentes y, tal vez, para suscitar reflexiones, más o menos afortunadas, sobre de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos con sensatez y cordura.

Pronto visitaremos la antigüa Cartago Nova. De momento, en estos dos días de estancia, nos hemos prodigado por playas dogfriendly que si bien son las de peor calidad de la zona, permiten a perretes y dueños disfrutar juntos del sol, la arena y el inmenso mar que con sus olas, y sus cálidas aguas, nos reclama para que nos adentremos en un abrazo a tres, humano, perruno y Mediterráneo en estado puro.

De nuestra anfitriona, podemos decir de todo y todo bueno. Nos ha abierto su casa, nos ha puesto a nuestra disposición todas las facilidades para que nos encontremos cómodas, en casa y en la región, compartiendo conocimientos, iniciativas y sugerencias que gustosamente aceptamos. Se preocupa de que todo esté perfecto y  no falte detalle y nos hace muy cómoda y entrañable la estancia. Estaremos siempre en deuda con ella, por este maravilloso trato. Sus tres peludos, cordiales y amigables, a pesar de lo que ella diga, han acogido en su pequeña manada a Bambú, que en ocasiones alborota, ella sola,más que los tres juntos en sus tiempos mozos, y está siendo objeto de muestras de amistad por los tres indistintamente. Lo cual nos complace a todos. Ahora descansa, mientras la bahía bulle y yo escribo para que nada de esto quede en el olvido.

Con cariño,

Ágata Piernas

2/9/2017

VIAJAMOS A GUIPÚZCOA.-DÍA 5.-DESPEDIDA-GUETARIA-VUELTA A CASA.-

Después de levantarnos y sacar a los perretes, desayunamos opíparamente, tal como veníamos haciendo los días anteriores. Todos juntos y tras una animada charla entorno a la mesa, nos dirigimos a nuestras habitaciones para acabar de hacer nuestros equipajes, pues hoy era el día de vuelta.

Con la pena que dan las despedidas, casi en silencio debido a que había llegado el momento de partir, introdujimos nuestras pertenencias en las maletas, y nos dispusimos a abandonar Alkiza.

Algunos tenían más prisa por llegar a sus respectivos lugares de origen, fueron los que antes salieron. Los demás, nos quedamos hablando para comentar nuestros respectivos planes haciendo de la despedida, casi un reencuentro. Todos los que estuvimos en la Casa Lete, firmamos una nota cariñosa de agradecimiento, perruno y humano, en el libro de visitas que a tal efecto, y situado en un atril al pie de la escalera, esperaba la ocasión. Luego, con promesas de vernos de nuevo e invitaciones varias a visitar las localidades de origen más lejanas, como Zaragoza o Barcelona, partimos cada uno a realizar su  su personal programa.

La que escribe, se dirigía a la localidad de Guetaría, que quedó pendiente el día anterior, pasa visitar el internacionalmente conocido Balenciaga Museoa.

La localidad de Guetaria, es un pequeño pueblo pesquero, muy cercano a Zarauz. Coqueto, acogedor y que se caracteriza por el ratón. No el mamífero que todos conocemos, sino una porción de tierra, con esa forma, que se adentra en el mar y que da nombre al pueblo. Pero lo que se iba a ver allí, nada tenía que ver con las características descritas, ni con otro de sus monumentos emblemáticos y también conocidos.

Lo que fuimos a ver allí, era algo distinto. Un imponente edificio de acero y cristal, que encajando perfectamente en el entorno, está situado a la entrada del pueblo viniendo desde Zarauz, y que en su interior alberga, no sólo la historia personal del genial diseñador de alta costura, Cristóbal Balenciaga, sino también su historia artística, representada por sus creaciones, emblemáticas y de encargo, que confieren al lugar un halo de santuario, que impresiona nada más pòner el pie en él. Nuestra intención era hacer la visita guiada, pues siempre se puede aprender más de lo que se sabe, pero a la hora de nuestra llegada,  el guía de turno sólo iba a hablar en Euskera.

El»arquitecto de la moda» como es conocido en este ámbito, fue ese genial diseñador, cuyas creaciones siempre aspiraríamos a tener en nuestro vestidor. ¡Al menos alguna de ellas! Líneas impecables, volúmenes en sus prendas que hacen muy fácil y cómodo vestirlas, estampados cuidados y refinados, trajes actuales a pesar de tener varios años desde que fueron creados, vestidos de noche de ensueño y elegantísimos, abrigos sencillos y originales, y otros más elaborados…

Un sinfín de creaciones que nos dejaron boquiabierta y que forman parte de exposición temporal que en la planta segunda se albergaba, con modelos pertenecientes a la aristócrata norteamericana Rachel L. Mellon, quién póstumamente cedió sus «joyas», bajo el auspicio de Herbert de Givenchy, al Balenciaga  Museoa. Desde ropa de día, para vestir en sus ocupaciones habituales, hasta vestidos cóctel, de fiesta, en resumen, toda la indumentaria que esta mujer insigne, vistió durante los doce años que fue clienta, y amiga personal del diseñador, hasta su retirada del mundo de la moda en 1968.

Después, con la sonrisa en la cara, y el gusto agridulce que nos deja haber vivido unos días de auténtica desconexión y agradable conviviencia, que sabemos que en ese preciso instante se acaban, nos montamos, mi perra y yo en el coche, para emprender el camino de regreso a Madrid.

Excelentes carreteras, algunas de ellas de pago, hicieron que aunque el clima no nos fuese favorable al abandonar el País Vasco, pronto, a la entrada en Castilla Y León, nos pudiésemos «secar» con el sol radiante que presidía el cielo de la meseta y parar a tomar un refrigerio, en un primer tramo del trayecto muy llevadero.

Después, en tierra burgalesas, pararíamos otra vez, para estirar piernas y patas, y visitar el baño de la correspondiente área de servicio, ya que nuestra fisiología  y las Coca-colas que nos habíamos bebido, así lo reclamaban. Luego, continuando ruta, algo monótona al viajar sola y sin conversación, sólo escuchando el eco de nuestros pensamientos, nos dimos cuenta que estábamos en las inmediaciones de Madrid, por las retenciones de tráfico que nos encontramos, que sin motivo aparente, ralentizaban el tráfico.

A la llegada a casa, mensajes en el grupo de WhatsApp del viaje a Guipúzcoa, para informar a los otros que ya estábamos sanas y salvas. Cosa que voluntariamente también hicieron los otros miembros del grupo, en un final de viaje, muy cordial y entrañable.

Aquí nos esperaban nuestras obligaciones, entre ellas estas crónicas, que ponen fin a unos excelentes días de convivencia humana y perruna, que esperemos se repitan. En Cádiz la próxima, si no antes.

Con cariño,

Ágata Piernas

30/07/2017

 

VIAJAMOS A GUIPÚZCOA.-DÍA 3.- DÍA LIBRE.-VALLE DE LEIZARÁN.-

VALLE DE LEIZARÁN-RUTA O TÚNEL VERDE.-

En la localidad guipuzcoana de Andoain, se encuentra el parque natural de Leizarán. Comenzando desde la misma localidad, y después de atravesar túneles socavados en la tierra, se desemboca en el parking de Otita, desde donde iniciamos nuestra ruta camino arriba, al igual que otro sinfín de transeúntes y bicis. Una peculiaridad. Aunque mucha de la gente que transitaba por el conocido como «ruta o túnel verde», iba con su perro o perros (recuerdo un grupo de personas con unos cuantos perros de Alaskan Malamute), nuestra característica esencial era que nosotros, un grupo aproximado de quince personas que caminaban juntas (o casi), iban todas con su perro (¡algunos incluso llevaban dos!), lo cual no dejó de llamar la atención a todo aquel con el que nos cruzábamos en nuestro recorrido, dada la mezcolanza de razas, tamaños y caracteres. Sobre todo a los ciclistas, quienes nos sorteaban haciendo malabarismos, para evitar caer en su camino de descenso hacia el punto de origen. No obstante y dado el caríz del grupo, el que iba en cabeza o quién lo avistaba primero, siempre gritaba:¡Bici! Ya fuera en sentido ascendente o descendente, para que cada propietario puediese tomar las medidas oportunas, evitando que su can fuese atropellado y el ciclista resultase con sus huesos en el suelo, y obviar hacer frente a la consiguiente responsabilidad civil derivada de tal imprudencia.

La ruta, llegaba a tener la longitud que quisiéramos darle, pues se extendía desde Andoaín hasta otras localidades menores, algunas de las cuales distaban unos 50Km del punto de partida. Y en consecuencia, cada uno adaptó sus piernas y la resistencia de su perro, a conveniencia. Así, unos hicimos sólo siete kilómetros ida y otros tantos de vuelta, parando en una fuente natural, que se encontraba a esa distancia, a reponer fuerzas y tomar resuello. Otros continuaron un kilometro más arriba para regresar donde estábamos para, a la sombra y frescor de la fuente , tomar el almuerzo que llevábamos preparado. Otros continuaron hasta los diez kilómetros, para regresar al Área de Recreo del Parque a comer, y otros los más preparados, continuaron hasta el objetivo que se marcaron, llegar a la localidad más próxima, regresando los últimos y no agrupándose con el resto más que a última hora, cuando algunos ya se habían ido y otros esperaban relajados a la orilla del río, mientras sus peludos se bañaban, y observaban a lo lejos el puente de piedra con arcos ancestrales.

El grupo se desmembró, sí. Pero nadie desaprovechó nuestra visita a la tierra de Guipúzcoa. La que suscribe, aprovechó para escribir esta serie de crónicas del viaje. Otros, descubrieron una playa a la que se podía ir con chucho. Los rezagados comieron a la hora de la merienda. Y los más hambrientos, después del tentempié del almuerzo, se fueron a cenar, besugo pensaban, al cercano pueblo de Oria. Y digo pensaban, porque los precios astronómicos de un pez de esas características en esta época del años y hecho a la parrilla, escapaba a las pretensiones de los comensales, con lo que cada uno optó por llenar su panza con otras viandas, más asequibles y menos, seguro, jugosas. En otra ocasión será.

El chocolate propio de esa villa, no lo cataron y llegaron tarde a la Casa, debido a que la sobremesa se alargó con anécdotas y comentarios que integraron una amena conversación que hizo que se les fuese el santo al cielo.

Alguno también llegó pronto al pueblo de Alkiza y aprovechó la luz del día para dar largos paseos por el campo con su perrete, que a duras penas aguantó el tirón, pero que durmió plácidamente a espera de la aventura que nos esperaría al día siguiente.

Otros, vimos el atardecer-anochecer, desde el mirador del pueblo, espectáculo increíble para los sentidos, por el contraste de colores y formas que se perfilan con el cambio de luz y los sonidos de la naturaleza que acompañan al ocaso, hasta quedar todo prácticamente sumido en la oscuridad de la noche. De vuelta a la Casa, nos esperaba una cómoda cama con manta y colcha, que nos sirvieron para protegernos del frescor de la noche, en la cual, la lluvia apareció con fuerza, amenazando con perturbar nuestros planes del día siguiente.

No fue así, pero eso os lo contaremos en crónica aparte, en la siguiente entrega.

Con cariño,

Ágata Piernas

27/07/2017

VIAJAMOS A GUIPÚZCOA.- DÍA 2.- ZUMAIA Y MUTRIKU.-

MUTRIKU.-

La cita era a las 16h en la Plaza del Ayuntamiento de Mutriku. Allí estábamos todos puntualmente, perretes con sus amos, cuando apareció nuestra guía. Nos iba a hacer callejear  y explicarnos las peculiaridades de este bonito pueblo costero vasco.

Tiene su carta puebla o fuero que data del año 1200, aunque fuese confirmada en 1209. Esto nos indica que ya en aquellos tiempos de la Baja Edad Media, este pueblo existía como núcleo de población y además gozaba de normas jurídicas que regulaban el comportamiento entre su habitantes, con las demás poblaciones y  con el Reino.

La primera peculiaridad que nos hace notar nuestra guía, a cuyas explicaciones atentamente escuchamos todos, perretes y humanos, es que en el escudo de la localidad que está en la fachada del Ayuntamiento, se aprecia una escena de pesca. No es de extrañar, siendo un pueblo costero. Pero lo que nos contó después, en el porche de la Cofradía de pescadores, nos dejó a todos boquiabiertos. Esa inocente escena de pesca, tallada en la piedra del escudo de la localidad, esconde todo un trasfondo de lucha de sus habitantes con los seres que habitan el mar, en concreto la ballena franca septentrional (que a fecha de hoy se halla extinguida) y su vinculación con este cetáceo en el Cantábrico y en el Mar del Norte, en las costas de Canadá.

Mutriku, es el único pueblo perteneciente al Geoparque ( Zumaia-Deba- Mutriku) que tiene tradición, y muy arraigada, de pescadores. Su puerto ha sido importante a este nivel, y es el «puerto refugio» más importante del País Vasco, cuya denominación recibe porque se halla protegido a base de diques, tres en concreto. Cuenta su puerto también con una central hundimotriz, que procesa la energía que producen las olas. Sólo hay tres en Europa. La de Mutriku es una de ellas, y aunque son prototipos, la energía eléctrica que producen, se vende a la localidad.

Pero sigamos con la ballenas, que son los mamíferos que identifican a los pescadores de esta villa. De ellas, no sólo habla la talla en piedra del escudo de Mutriku, sino también la Carta Puebla, que a modo de Fuero, tiene Mutriku desde el siglo XIII. Es la característica común de los pueblos costeros de esta zona de Gupúzcoa, es con lo que pagan los vasallos a las arcas del Reino, a modo de tributo.

Era en esta época y hasta el 14 de Mayo de 1901 que se pesca la última ballena, el motor de la economía de esta zona. De ella se aprovecha todo, desde sus barbas, pasando por la carne y la grasa, así como sus huesos, todo. Algunos han llegado a denominarla el «cerdo del mar», por su similitud en aprovechamiento con el mamífero terrestre. Con la diferencia que cada ejemplar de ballena, pesa nada menos que 40TM.

Toda una aventura pescar ballenas. Se jugaban la vida los pescadores vascos. Pero así debía ser, ya que además del primer elemento de subsistencia, también era un importante elemento de comercio.

Desde las atalayas situadas en puntos estratégico en el monte, las ballenas son avistadas. Los compañeros de tierra, son avisados mediante señales que sólo ellos conocen, para que nadie más se haga con la presa, y salen al mar a buscarlas en chalupas balleneras con 6 a 8 pescadores a bordo, más el arponero. Con bravura, consiguen matarla y desde el barco, la arrastran a puerto y la despiezan. Separan la carne de la grasa, y tras licuar la grasa y abastecerse, comercian con el resto.

Aunque el sistema de pesca es el tradicional, cada vez hay mejores barcos para transportar a los pescadores y, así, en ell siglo XIV los vascos pescadores de ballenas, faenan por toda Europa. En el siglo XV, se descubre América. Y así se abren nuevos centros comerciales. Todo ello, hace que se siga a las ballenas en todo su ciclo vital, tanto en verano como en invierno, vinculándose estrechamente con Canadá,a cuyas costas llegaban cada verano, entre cinco mil y siete mil pescadores vascos. Luego más adelante, con el cambio de Rey y debido a razones de escasez del cetáceo, dejan de pescar allí, pero sí en verano en el Atlántico Norte, dónde en países como Suecia ha existido, hasta hace poco, legislación que regulaba la vida de sus habitantes con los pescadores vascos.

Nos llama también la atención, la arquitectura de los edificios de Mutriku. De estilo barroco vasco, aunque bastante sobrios, resaltan los alerones y cornisas, en madera, mucha de ella con tallas y adornos. Son casas pertenecientes a las grandes fortunas, con sus respectivos escudos en las fachadas, incluso palacios, que consiguieron salvarse del incendió que destruyó Mutriku, como su casa torre, cercana al puerto.

La suelta de vaquillas, tradicional en la fiesta de Mutriku, hizo que nuestro callejeo, se interrumpiese. Nuestros perretes, nos lo agradecieron, pues así evitaron sobresaltos y ladridos.

Con cariño,

Ágata Piernas

Madrid 27/07/2017

VIAJAMOS A GUIPÚZCOA.-DÍA 2.-ZUMAIA Y MUTRIKU

ZUMAIA.-

Tengo una amiga a la que no le gustan las piedras. Ella, a pesar de ser también perruna, no habría disfrutado de nuestra visita de hoy por la mañana, cosa que nuestro grupo de Guipúzcoa, si hizo. Ella se lo pierde. Con guía turístico, perros y nuestros pies, nos dirigimos desde el centro de la localidad de Zumaia, a las formaciones geológicas que se encuentran en su costa, muy cerquita de la ciudad, y que son sobradamente conocidas por conformar un geoparque declarado de interés internacional por la Unesco. Se conocen por el nombre alemán de los «flysch», que en ese idioma significa descender.

Constituyen formaciones rocosas, de formas y colores peculiares, que se han ido formando a los largo de 12o millones de años y que nos hablan, a los que los sepan interpretar, de cómo era la vida en nuestro planeta desde aquella época a la nuestra. Con la afortunada intervención de nuestra guía, pudimos comprender que nos encontrábamos en presencia de la historia biológica y geológica del planeta Tierra en directo, cuestión impactactante si tenemos en cuenta que en comparación con lo que estábamos viendo, nuestra propia vida, constituye una parte infinitesimal del espectáculo natural que teníamos delante. Y así, supimos por lo que los estratos rocosos nos contaban, que es cierta la teoría de que hace sesenta y cinco millones de años, un meteorito gigante de unos 14Km de diámetro, impactó sobre la Tierra, aniquilando por el propio impacto y sus consecuencias, un 75% de las especies existentes en la época, entre ellas los dinosaurios. La presencia de materiales en los estratos como el niquel o el iridio, propios del espacio y muy escasos en la Tierra, así lo confirman. Nuestro sabio planeta, se recuperó de ese gran caos, y de las especies que quedaron, surgieron por evolución, los mamíferos.

Otros estratos, más adelante, también nos indican que hace cincuenta y cinco millones de años, hubo un calentamiento global de la Tierra, similar al actual, del que la Tierra, igualmente se recuperó. Tras la crisis mencionada, surgieron los homínidos, nuestros parientes más lejanos.

Ello nos da que pensar cuando algunos de nuestros expertos, vaticinan el final del mundo con desastres naturales debidos al cambio climático que muchos dicen que ya padecemos. Probablemente también, y siguiendo sus antecedentes, la Tierra se recuperará y quizás, vuelva a pasar lo mismo que en estas épocas de las que nos hablan los estratofitos del geoparque de Zumaia, y una nueva especie se esté forjando ya, para adaptarse a las nuevas circunstancias. Los Flysch, se lo contrán a los seres venideros, aunque nosotros no estemos aquí ya para comprobarlo. Apasionante vida, por la huella que sabemos, dejaremos para la posteridad.

Al fin y al cabo, las piedras suelen ser testigos mudos del paso de la historia. Pero en este caso, llevan en su interior uno de los porqués de nuestra presencia en este planeta: la verdad biológica y con ella la respuesta a muchos de nuestro interrogantes. ¿ Y no os gustan las piedras? A mí, personalmente, me parecen apasionantes y las quiero.

Con cariño,

Ágata Piernas

22/07/2017