EMPEZAR DESPUÉS DE LOS CINCUENTA.-

Un revés del destino, una enfermedad, cambio de circunstancias personales o familiares o la propia decisión de cambiar de vida, hacen que muchas mujeres que conozco, entre las que me incluyo, se hayan visto abocadas por su capacidad, su ilusión, sus ganas o su peculiar necesidad personal, a iniciar una nueva andadura profesional, después de los cincuenta.

Y ¿qué es lo que sucede cuando hay que empezar de nuevo?

En un primer momento, casi no te lo puedes creer. Por varias razones. Porque parecía que tu antigüa trayectoria profesional era inamovible. Porque te parece que no vas a saber hacer ninguna otra cosa. Porque te parece tarde, vitalmente hablando, para iniciar cualquier otra profesión. Porque te ves mayor. Porque las ilusiones y el creer en una misma disminuyen con la edad, al menos eso nos dicen algunas personas. Hay más razones y cada una de nosotras tendrá las suyas íntimas y personales. Pero los tiros van por esos derroteros.

Hay que pasar duelos y páginas, hay que prepararse de nuevo, pero sobre todo, hay que tirar de lo que ya tenemos, nuestros valores, capacidades y tanta experiencia acumulada, para hacernos finalmente creer que somos capaces de afrontar cualquier reto que la vida nos ponga en el camino.

Unas veces será elegido, quizás obedeciendo a una antigüa ilusión que nunca se murió del todo. Otras veces, quizás desarrollando un hobbie en plan más profesional. Algunas veces el reto será impuesto por las circunstancias personales o familiares. Pero lo afrontamos, nos venga por dónde nos venga.

Si te preparas, fijas objetivos, conservas la ilusión y cuentas con algún que otro sólido apoyo, tienes los ingredientes necesarios.

Empezar a andar esta vez, va a resultar más sencillo. No digo que lo harás mecánicamente. O al trote. Lo harás con paso firme, sereno tal como corresponde a tu modo de ver la vida en la actualidad. Y no te lo plantearás como una carrera de fondo, con ascensos o más dinero. Simplemente lo harás porque te gusta, te llena, te ilusiona y te hace sentir ese peazo de mujer que siempre has sido y que el destino y las circunstancias, casi te arrebatan.

Ágata Piernas

13/3/2019

De regalos y otras zarandajas.-

De como la celebración del Día de los Enamorados se ha convertido en un mero evento de marketing, publicidad y gasto obligado, dan cumplida prueba los anuncios televisivos con los que nos llevan agrediendo ya varios días, y además con intensidad. No sólo eso, sino también los propios escaparates de las tiendas, de los centros comerciales, los anuncios de los autobuses, todo nos recuerda que hoy es el día de celebración del Amor de Pareja por antonomasia.

Para mi gusto, todo un exceso. Tanto el marketing y publicidad, como lo que se gasta en este dia para probar que realmente quieres a esa persona.

Si bien es cierto que en los clichés de gente de mi edad, y tal vez alguna generación posterior, es como una fecha de obligada celebración, creo, quizás, saltándome la norma, que me he descolgado de esa tradición, aunque mentiría si dijera que no le tengo apego.

No deja de tener cierto matiz de crueldad, este bombardeo, para las personas que están solas y desean no estarlo. Incluso he observado que se organizan para celebrar esta fecha con otras personas que al igual que ellos, están solas sin desearlo, para divertirse con cenas y bailes, pero sin regalo.

Me parece una fecha triste y depresiva, para algunos. Poco natural y algo forzada para otros que preferirían vivir su amor de manera más fluida y relajada, y adecuada solo para aquellas parejas que tienen tan organizada y encorsetada su vida que, no bastándoles el resto de los días del año, prefieren ceñirse a este 14 de Febrero, para formalizar compromisos, o hacer planes de futuro juntos más fundados, o simplemente celebrar que están juntos e ilusionados un año más.

De los regalos que a lo largo de los años, no me refiero sólo a los propios, cuando los ha habido, sino a los ajenos que me han encantado, puedo reseñar un disco con la banda sonora de la película LOVE STORY,en el año de estreno del film.

De los propios no hablo. Me da vergúenza, quizás, porque no me parecieron adecuados por su simbolismo para aquel momento, pero que igualmente se agradecen.

¿Y qué decir de las flores? Rosas rojas…como representación y expresión del amor y la pasión, con unos tallos kilométricos y carentes casi de espinas. Personalmente no es de mi agrado que me regalen flores, no me va. También las he tenido. Pero las rosas rojas, definitivamente no. Es el regalo fácil, un recurso accesible del que quiere tener un detalle, sin estrujarse demasiado las meninges.

Yo opino que en esta fecha, para los que tengan que regalar, lo bonito esta en pensar un poco en el otro, y en pensar que le puede gustar o sorprender, y sin excederse en el presupuesto, tener el detalle conmemorativo del San Valentín 2019, que siempre es un logro celebrar el amor en los tiempos que corren.

Buen Día para todos, lo celebréis o no.

Agata Piernas

14/2/19

BUENAS PERSONAS

Dicho se con retintín, pues no se trata aquí de hacer un alegato a favor de las buenas personas, entre las que por supuesto me incluyo.

Nuestros abuelos y también nuestros padres nos inculcaron que algunas personas son esencialmente buenas y otras esencialmente malas, llegando con el tiempo a hacer nuestros estos criterios, etiquetando a determinadas personas y relacionándonos o no con ellas conforme a la clasificación que de ellas hacíamos.

No sólo en la familia se nos inculcaron estos criterios, sino también en el colegio religioso en el que cursamos algunos nuestros estudios de bachiller, pues era un colegio de marcado espíritu católico. Entre las amistades de mi generación también predomina este pensamiento, aunque pertenezcan a otros colectivos diferentes.

Con la madurez y la perspectiva que nos dan algunos años cumplidos, nos damos cuenta que, si bien esos criterios nos fueron útiles en épocas pasadas, hoy por hoy, nos resultan obsoletos y simplones, pues la vida nos ha hecho vivir experiencias que han favorecido que formemos nuestros propios criterios en este aspecto,y éstos, nada tienen que ver con la dicotomía entre buenos y malos.

¿Qué se piensa hoy en día en relación con este tema?

Hoy en día, se piensa que algunas personas son mejores que otras, y que en la diversidad está la esencia de la sociedad. Nadie se cree esencialemente bueno ni esencialmente malo, ni consiente en que nadie se lo atribuya etiquetándole. En las personas, hay actuaciones buenas y actuaciones malas.Y esto es así en todas las personas. Y ello no te hace esencialmente bueno ni malo, te hace diferente a los demás dependiendo del tipo de decisiones que tomes. Diferente en algunos aspectos, igual en otros.

El que a sabiendas, quiere causar mal a otro, no es una mala persona, es un delincuente o tiene algún tipo de trastorno que le convierte en irracional, pues no va en la esencia de la naturaleza humana dañar a otro. Como sabemos es jurídicamente reprobable.

Dicho esto, propongo a la gente que se sienta identificada con esto, que se relacione con todo tipo de personas, mientras más diversas, mejor. Y que, desarrollando el espíritu crítico, aprendan a valorar las buenas cualidades que sean compatibles ellas mismas y aprendan a ser hábiles en esquivar sus cualiades incompatibles. Estas habilidades y tolerancia son buen bagaje para la propia madurez y enriquecimiento personal.

Ágata Piernas

12/02/2017

NUEVAS FORMAS DE ESPIRITUALIDAD.-

Desde hace algún tiempo, llegan a mí sin apenas buscarlo, y desde círculos de amistad, posibilidades de contacto con nuevas tendencias en el modo de vivir la espiritualidad, que yo creo, eso sí, es una faceta innata en la persona humana.

Ello me induce a reflexión y a la búsqueda del por qué personas con una educación católica, buscan alivio espiritual en corrientes de pensamiento, que son también modos de vida, para que el vivir el día a día de sus vidas tenga mayor plenitud.

Son personas con inquietudes, sin duda. O bien personas a cuya vida las circunstancias le han dado un vuelco, a veces doloroso y otras veces limitante, pero nunca agradable de vivir y que necesitan un plus para ayudarles a afrontarlas. Ya no hablo de los conocidos terapeutas, que como hongos proliferan en variadas disciplinas y que parecen portar el slogan de ponga un terapeuta en su vida, si quiere ser feliz. Hablo más bien de líderes que con un sinfín de seguidores, plantean nuevas formas de, llamémoslo, espiritualidad y a los que el boca a boca, va consiguiendo más y más adeptos.

De ellos se habla, no en secreto, pero si con cuidado, introduciéndolos en las conversaciones con delicadeza y buenas referencias y siempre con buenas intenciones. Con la finalidad de ayudar en el día a día de la persona a la que se le habla y de satisfacer la necesidad de hacer el bien de la persona que lo comenta.

Muchos de ellos, al menos de los que han llegado a mis oídos, han tenido terribles experiencias vitales, que han superado con éxito, y quieren transmitir sus viviencias y conocimiento a otra personas, aportando no sólo ya esto, sino toda una filosofía de espiritualidad, psicología y comportamiento. Cuentan con multitud de seguidores. Otros, son más de andar por casa, y pretenden los mismo, pero a pequeña escala, sólo entre familiares y amigos.

Todos ellos beben de las mismas fuentes, religiones, psicología, filosofía y proponen los mismos remedios: meditación, ayudar a las personas sin esperar nada a cambio, desapego y vivir cada instante intensamente. Dicho esto sin ánimo de ser exhaustivo.

Personalmente creo que la fe cristiana, en general, y la Iglesia en particular, está atravesando una enorme crisis y eso facilita que mucha gente, que sigue teniendo esa faceta espiritual, busque en otros lugares, otras religiones, otras respuestas a sus interrogantes.  Mucha gente ha dejado de creer en los sacerdotes como representantes de Dios en la tierra y no se acercan a ellos buscando apoyo, consuelo o perdón. Hay también otras personas, que reconociendo abiertamente su fe católica, a la que no renuncian porque creen en la existencia de Dios tal como se lo enseñaron en el colegio y vivieron en sus casas, se acercan a estas corrientes como complemento a lo que no encuentran en la Iglesia o en la Iglesia tal como se percibe hoy en día, porque estas corrientes si les aportan fe y les ofrecen resultados. Otros, que tienen una opinión muy crítica respecto a la Iglesia, renuncian a sus postulados y acogen otras religiones sin más, porque les demuestran en el día a día que son más solventes para satisfacer sus necesidades.

Quizás todo esto no sea más que el resultado de la crisis de valores de la que todos hablan y que impera a sus anchas en nuestra sociedad. Quizás el regreso a la espiritualidad sea la salida a esta pérdida de humanidad.

Optemos por lo que optemos, hemos de ser valientes. La observación no hace mal. La implicación, tampoco. El fanatismo sin medida, si lo hace. Por lo tanto, propongo la moderación en todo lo que se refiere a estas nuevas formas de espiritualidad, y un sentido crítico siempre activo. El bienestar físico, mental y espiritual debe ser nuestro objetivo y nadie debería poder lastimarlo.

Ágata Piernas

5/2/2017

EL CAMINO Y EL DESTINO.-

Los objetivos que nos marquemos en nuestra vida, van a ser tan importantes como el alimento que tomemos o el aire que respiremos. Esto es cierto.

Son importantes porque significan nuestro rumbo en una determinada etapa, que si bien van a venir marcados por variables como las circunstancias, eso no debe mermar nuestra capacidad de decidirlos en cada momento.

Es cierto que a veces, caminamos sin rumbo o parece que nuestro objetivo no existe, y así nos movemos aleatoriamente como una hoja al viento. Yo diría que incluso esos momentos son necesarios, para determinar con más claridad que paso dar a continuación.

Hay también momentos de gran incertidumbre, como los que suponen el tránsito de una etapa a otra, que puede ser más o menos duradero en el tiempo, en los que sólo nos queda sobrevivir nadando para no hundirnos.

Pero lo que realmente da sentido a nuestra vida, piensan algunos, es la consecución de nuestros objetivos. Objetivos grandes, pequeños objetivos, objetivos diarios, objetivos a corto, medio y largo plazo. Objetivos vitales y objetivos personales. Objetivos sentimentales y objetivos materiales…

En fin, todo un elenco de objetivos, que van a determinar, en muchos casos, nuestro caminar diario.

Algunos los llamarían retos, queriendo dar un tono más trascendental al objetivo concreto, pero no dejarían de ser objetivos en uno u otro ámbito.

Si bien es importante tener objetivos, la vida me ha enseñado, después de muchas vivencias, que unas veces los objetivos se consiguen y otras no. Dependiendo del tipo de educación que hayas recibido, eso puede afectar a tu ego, y suponer o bien un gran triunfo o una gran frustración. Ya no me vale el todo vale para conseguir un objetivo.

Y por ello, he aprendido o más bien estoy aprendiendo. Y he comprendido que en la vida, lo importante no es  siempre conseguir los objetivos.

El disfrute está en el camino, en el paso a paso que a cada momento damos en pos del objetivo. Que el trayecto y los medios que ponemos para avanzar, es el verdadero objetivo. El objetivo es el medio, no el resultado. Ya no me vale el todo vale para conseguir un objetivo siempre.

Y he constatado también, y esto quizás sea lo más importante, que a cada paso se aprende, y ese aprendizaje es lo que realmente le da valor a nuestro caminar. Ese es el objetivo vital más importante: APRENDER.

Y por ello, en nuestro caminar diario, nada ni nadie debería bloquearnos. Si nos comportamos con la suficiente lucidez para saber lo que está pasando y la predisposición para encajar las circunstancias como un aprendizaje, todo fluirá hacia su objetivo naturalmente, sin rigideces, ni tensiones, ni esfuerzos titánicos.

Y en tu caso…¿cuál es tu objetivo?

Ágata Piernas

29/01/2017

 

LA VIDA CON PERRO

Algunas personas no lo entenderán, estoy segura. Pero las que han tenido la misma vivencia, que afortunadamente son más cada vez, sin duda compartirán opiniones y estarán conmigo en que, después de haber compartido tu vida con un perro, nada es igual a lo vivido con anterioridad.

La intensidad de la experiencia, va en relación con el hecho de convivir con alguien más o no con quien compartir los afectos perrunos, pero en cualquier caso, es una experiencia incomparable. Baste como apuntes, y sin ánimo de ser exhaustiva lo que viene a continuación.

Independientemente de que te organice la vida con su reloj interno, marcándote sin saber muy bien por qué sus horas, hecho que por sí mismo ya es suficiente para estar agradecido a tu can, los intercambios de afecto son también una fuente de alegría siempre.

Cada pareja humano-can tiene en cuanto a cariños, sus propias normas. Mi perra acostumbra a despertarme. Se acerca suavemente a mi lado de la cama, más o menos cada día a la misma hora ( una hora prudente y nada intempestiva, que no tiene que ver con sus necesidades fisiológicas), se sienta y espera a que yo le haga alguna caricia sencilla, muestra de que estoy despierta, y se va a su sitio, donde espera a que yo inicie la jornada. Su paseo mañanero es una de las mejores experiencias del día. En él existe complicidad, intereses compartidos, y la necesidad de socializarse, cada uno con su especie. Una satisfacción, una experiencia de miradas cómplices y tiempo juntas. Una excusa para hacer amigos.

Aparte que te tiene observada al milímetro y sabe en cada momento lo que toca, y se desplaza contigo a cada dependencia de la casa para acompañarte, más o menos próxima, en tu tarea puntual ( hasta al cuarto de baño), no dejándote sola ni un solo momento, sabe cuando te agrada más su cercanía y cuando no. A mi, personalmente me agrada sobremanera el momento de la siesta. Encender la tele, recostarme en el chaise-lounge y la perra, que espera ese preciso momento para pedirme permiso para poder subirse al sofá a tumbarse conmigo al lado, sí, pedirme permiso: me mira fijamente, con las orejas levantadas y moviendo la cola, espera a que yo le diga o haga un gesto para que suba. Y no sé como pero se las ingenia para hacerse un ovillo junto a mí, para que intercambiando temperaturas, podamos conciliar mejor la siesta.

Si por alguna razón, tiene urgencia en salir a la calle, se pone mimosa en exceso y a fuerza de lametones consigue convencerme para que la saque, si no es su hora.

Sus besos tiernos y sentidos, no tienen comparación y me conmueven sobremanera. Es cariñosa, noble y leal. Y depende de mí. Es una responsabilidad que ejerzo de manera coherente, por mí y por el animal que tanto me aporta y me importa. Y es, en resumen, una experiencia que recomiendo, por que tiene mucho que ver con mi propio equilibrio existencial.

Ágata Piernas

22/1/2017

VIVIENDO Y APRENDIENDO

 

Dicen, no sin cierto optimismo, que la vida empieza a partir de los cincuenta, que todo lo demás ha sido práctica.

También dicen, en especial de las mujeres, que a esa edad, y debido a nuestras personales circunstancias, más somos cincuentañeras que ciencuentonas, dando así un toque de «juventud» a esta edad madura.

¿Que opinamos las que hemos alcanzado tan mágica cifra?

Pues se piensa, y se piensa mucho. Se tiene la suficiente perspectiva de la vida como para poder hacer balance de los vivido y la suficiente energía como para tener proyectos de futuro. Y con esos ingredientes, añadidos a una coctelera y agitados con la necesaria madurez, dan como resultado personas con peso especifico propio, que pocos se atreven a ignorar.

A estos efectos, da igual que hayas sido esposa o no. Que hayas tenido hijos o no. Que hayas trabajado fuera de casa o no. Lo que importa y mucho, es que hayas exprimido los años que has vivido, porque ello trae como consecuencia la experiencia de la que haces gala.

Si has destacado en alguna de esas facetas, mejor que mejor, más fundada será tu experiencia. Pero como una cincuentañera no ha vivido en balde, su personal bagaje ahí está, independientemente de sus circunstancias particulares.

A esto hay que añadir, la sensibilidad que da la condición femenina y la intuición de la que las mujeres hacemos gala.

Con todo y con eso, somos fuertes porque hemos sobrevivido. Sabemos encarar los problemas, tal como van surgiendo y les damos solución. Somos generosas, increíblemente humanas y hemos experimentado la felicidad en estado puro en más de una etapa. Somos cómplices, empáticas, inquietas y consecuentes. Conocemos nuestros límites, pero no dejamos que nos los recuerden. Agradecidas y serenas. Y así, un sinfín de cualidades que cada una podría personalizar a su propio estilo.

Con semejante bagaje, nadie en su sano juicio osaría darnos de lado y el que lo intenta o lo lleva a cabo, no sabe lo que se pierde. Seguramente se arrepentirá en un futuro cercano.

Todas las que hemos alcanzado la mágica cifra, estamos dispuestas a escribir el segundo volumen de nuestra vida plenamente conscientes, con conocimiento de causa, con la ingenuidad justa y las armas necesarias para dejar huella.

Las que ya se han ido, no se han ido en vano. Su obra han dejado y aunque inconclusa, entre todas la terminaremos.

Por eso y por más, nunca debemos rendirnos.

Ágata Piernas

En Madrid, a 15 de Enero de 2017.

 

 

VACACIONES AJENAS

 

VACACIONES AJENAS

 

Acaba el verano y todos, hasta el más insignificante, se reincorpora a los quehaceres que le mantendrán ocupado el resto del año. El resto del año hasta sus próximas vacaciones de verano. Si es que no se quedan por el camino.

Algunos, hasta lo agradecemos porque hemos llegado a la saturación de las vacaciones ajenas, que no las propias que este año no llegan.

De la gente en edad laboral, que tiene trabajo y por lo tanto derecho a disfrutar de vacaciones pagadas, y que por lo tanto, tienen peso específico en la sociedad, pues son los que con su esfuerzo y sacrificio están sacando el país adelante (y así está el país) destacaremos las familias que tienen al menos dos hijos.

Cuando pergeñaron su futuro y antes de los clásicos esponsales, decidieron, si la biología lo permitía, tener al menos dos vástagos, niño y niña queremos, decían a sus amigos y allegados. Y la biología con sus instintos y naturalezas a algunos les castigó y a otros les premió. Estos últimos ya se empezaron a encumbrar. Parecía que el destino les favorecía. Fueron niños de los modernos, de biberón y dodotis, guardería y abuelos o nani incluso, si la economía iba bien. Con todos los juguetes y caprichos, porque la economía lo permitía. Estos niños, percibiendo el orgullo que sus padres sentían por su presencia y gracias, se encumbraron también. Sus padres no dejaban de verles como un instrumento más. Un instrumento para su posicionamiento social, personal y humano. Esos padres, al albur de esta circunstancia, empezaron a sentirse ciudadanos de primera y los hijos, personas de primera extra,  debido al sentimiento de satisfacción que se respiraba en su entorno por el mero hecho de su existencia.

Sin tener ni la “p” de personas, ya dirigían, manipulaban y castigaban, bajo la aprobación y aquiescencia de  sus padres-ciudadanos-de primera. Sin dejar de ser niños, por supuesto.

Pero ¿ qué ocurría cuando estos padres pagados de si mismos y con una vida plena tenían que sufrir las trastadas, gritos agudos, peleas y caprichos de sus cachorros humanos, llenos de energía, curiosidades e inquietudes? Les soltaban en el patio comunitario, en el parque, en la playa o el pantano, para que los demás ciudadanos, aún sin calificar, pudiésemos contemplar sus privilegios y alabarlos y admirarlos, eso sí, pero sin rozarles, hablarles o recriminarles sus faltas de personas por formar, educar y civilizar. Dichosos padres.

Y desde ese mismo momento, al igual que los padres-ciudadanos de primera, admiramos el papel de los maestros, profesores y abuelos, que con santa paciencia y máxima dedicación, auxilian a los padres en sus quehaceres a modo de  longa manu, porque por un módico precio mensual, la educación de sus hijos está garantizada. Ah! Y no vale pedirse baja por depresión o  mobbing. Sería cuento.

Y yo me pregunto,¿pagarán esos niños el día de mañana nuestras pensiones?  Porque  haberlos haylos pero son pocos y rebeldes. Y sino que se lo pidan al gobierno que es, al fin y al cabo, el responsable de su educación. Porque sus padres (¡pobres!), la mayoría, se limitan a arengarles con todo tipo de aditivos y complacencias, para su goce y disfrute.

 

Ágata Piernas

16/9/2013

LA VIDA SIN REFERENCIAS

Mientras la gran mayoría espera tensa el momento de la decisión olímpica del COI, voy, poco a poco, clarificando mis ideas.

Al igual que algunos promulgan la defensa de tolerar no saber lo que se quiere, pero no justifican no saber lo que no se quiere, voy despejando incógnitas en mi mente.

No para saber si Madrid será o no sede olímpica en 2020, que ojalá, sino sobre como se deben dirigir los pasos una vez se decide tomar un camino diferente al que se ha andado hasta ahora.

No es tarea fácil. Algunos dejan en este tramo la salud, la estabilidad emocional y psicológica e incluso al vida, sin llegar a culminar la transición precisa para la adaptación.

Me refiero a situaciones vitales que me parecen trascendentes a priori para las personas adultas. Y no me refiero a cambios en la situación familiar, cuya reflexión plasmare en otro lugar, sino a situaciones de cambio unipersonal ante la vida. Tales pueden ser el paso de una vida activa, intelectual y fisicamente activa, a una situación de inactividad al mismo nivel, tras la jubilación. A situaciones de cambio de ciudad, con lo que ello supone de cambio de escenario, amistades, ocio, abastecimiento y casa, aunque se trabaje. A situaciones de recuperación tras una larga enfermedad. Pasar de una situación de larga inactividad a otra de comienzo de una actividad intensa Y otras más livianas como cambió de trabajo, aunque sea en la misma ciudad o empresa cambio de pareja y círculos anejos, cambios de amistades, o simplemente cambio de domicilio, o cambio de barrio.

Todo ello, supone muchas sensaciones encontradas que pueden llegar a bloquear la conducta.

En primer lugar producen desazón, desconcierto y  ansiedad  con distinta intensidad dependiendo del nivel de temor o miedo que produzca la nueva situación y la capacidad de reacción frente al reto.

En segundo lugar, y una vez superada la primera fase del temor y desconfianza, cuya intensidad sin duda depende de la inseguridad de cada uno, viene la fase de toma de posesión del nuevo lugar o situación, en el que habremos de desplegar una estrategia para integramos plenamente o de la forma más adaptativa posible.

Si esta etapa no se colma debidamente y con la suficiente firmeza, las bases no serán sólidas y la nueva edificación que se pretende construir con el cambio, tarde o temprano peligrara.

Es importante también, a los mismos efectos de integracion en el medio, intentar no poner toda la carne en el asador o no poner todos los huevos en la misma cesta. Con esto se quiere trasmitir que una edificación sólida no puede tener sólo un pilar, sino que han de ser varios los que la sustente y en cada uno de ellos debemos administrar los recursos. No se pueden entregar todas las energías y habilidades y tiempo al trabajo, a las amistades o a esa nueva pareja. Hay que dosificarse, pues de lo contrario, habrá descompensacion en la fortaleza de unos y raquitismo  en otros pilares.

No es posible, y hay que tenerlo claro, construir sobre dos pilares, pues el edificio de tambaleara a la primera ráfaga de viento fuerte. Pero yo me planteo si es posible construir sobre tres. Tal vez, sea posible. Yo lo estoy intentando. Tal vez sea necesario y se me viene a la cabeza el caso muy cercano de una amiga entrañable, que esta también edificando sobre tres. Espero que nuestra andadura sea cómplice y alentadora en este aspecto.

De no distribuir nuestros recursos en los diferentes compartimentos, podemos desequilibrar la estructura y nuestra fortaleza, y podemos enfermar.

Y el caso más complicado de todos ellos, sería cuando todos estos cambios mencionados, se producen durante la convalecencia de una enfermedad grave, intentando salir adelante en el proceso de curación. Se nos antoja que todo se dilata en el tiempo aún más, puesto que las fuerzas no siempre acompañan, ni la claridad de ideas, ni los demás recursos personales.

En este proceso, nadie esta a salvó de un tropiezo, un mal paso, o un revés del destino. ¿ qué hacer en estos casos? Cuando los recursos funcionan a medio gas y la vida se nos vuelve en contra.

Pues lo que no se puede hacer, y aquí enlazo con el principio del artículo, es atrincherarse en casa o en el despacho o en el interior de uno mismo. Ahí empieza a crearse el caldo de cultivo que alimentara los malos afectos que nos llevarán a la autodestrucción por envenenamiento. Eso lo tengo claro ya. Lo que no se puede hacer, es crisparse con el entorno, porque nuestro camino no sigue el rumbo que desearíamos, pues es en esa vereda donde encontraremos los asideros para continuar caminando. Y si aún así, que también puede pasar, todo se nos pone en contra o al menos eso nos parece, hay que buscar ayuda profesional, sin mayor dilación.

Ahora bien, ¿ verdad que ninguno de nosotros somos titanes? Pues estos pasos o pautas para sobrellevar las transiciones, pueden y deben ser compartidos. Con quien se quiera, con quien se busque o con quien surja en el peor de los casos.

De lo contrario, el cambio nos parecerá en muchas ocasiones, irreal o surrealista. más que un sueño, a veces, una pesadilla.

Ágata Piernas

9/9/2013